jueves, 15 de agosto de 2013

QUE EL CONCIERTO NOS TOME POR SORPRESA

Reseña escrita hace un poco más de un año...

En tan sólo un año y medio el artista uruguayo Jorge Drexler ha visitado tres veces el país para deleitarnos con su música. A causa de la fascinación que le causó la acústica del Teatro Mayor, ubicado en las instalaciones de la biblioteca pública Julio Mario Santo Domingo, y muy seguramente gracias al lleno total del auditorio en los dos conciertos del 2010, sus fans y fieles escuchas tuvimos el placer de presenciarlo una vez más. El evento, que hace parte de su más reciente gira Mundo Abisal, tuvo lugar el pasado martes 21 de febrero, en el mismo lugar de los anteriores conciertos.
Imagen encontrada en www.noticias.pe.msn.com
El formato del concierto es solista, o casi solista. En el escenario lo acompañan una guitarra eléctrica y un par de acústicas. Carles “Campi” Campón participa en un par de temas tocando el theremin, un instrumento musical electrónico que posee un par de antenas, una vertical y la otra horizontal, las cuales interpretan los movimientos de la mano y los convierten en cambios de altura y volumen respectivamente. Es una especie de instrumento invisible, aéreo. Desde una mesa ubicada en frente del escenario, detrás de las primeras sillas del público, “Campi” y Matías Cella, productor de los últimos dos discos de Drexler, se hacen cargo de las programaciones y de la electrónica en vivo. Dan base a las interpretaciones de Drexler con grooves rítmicos, enfatizan alguna frase por él cantada aplicando efectos de eco, también reverberaciones, o quizás convirtiéndola en un bucle que suena unas cuantas veces más. Interponen aquí y allá muestreos grabados en las diversas geografías que visitan mientras dan conciertos: la voz de un predicador mexicano, el canto de un vendedor peruano, el timbre de una bicicleta en España. Una hermosa y muy minimal escenografía, en combinación con un diseño luminotécnico coherente con el discurso musical, a cargo de Carlos Fajardo, recrean visual y escénicamente una suerte de mundo abisal. El repertorio del concierto proviene de la extensa discografía que lleva Drexler a cuestas, once álbumes y tres recopilaciones en total, e incluye dos temas nuevos: Que el soneto nos tome por sorpresa y Tres hologramas. El primero hace parte de la banda sonora de la película Lope, del brasileño Andrucha Waddington, y Tres Hologramas es una canción incluida en la musicalización que Drexler compone para una obra de danza que lleva el mismo nombre, interpretada por el Ballet Nacional Sodre de su país natal, con coreografía a cargo del también uruguayo Martín Inthamoussú. Agrega, además, un par de covers: Ella, para rendir homenaje al recientemente fallecido músico argentino Luis Alberto Spinetta, y El estuche, canción de la banda bogotana Aterciopelados.
Imagen encontrada en www.laud,distrital.edu.co
Jorge Drexler es un músico muy completo. Toca la guitarra con gran facilidad y destreza, su voz es versátil y tersa. Las letras de sus canciones articulan, en un armónico y justo equilibrio, datos de naturaleza muy científica con imágenes muy poéticas y experiencias propias. Algunas líricas incluso tienen algo de crítica social, algo de filosofía de vida, pero dejando de lado cualquier asomo de mensaje aleccionador. La música que las soporta tiene elementos que provienen de diversos géneros, de distintos artistas, y tanto en sus exploraciones con los instrumentos acústicos como en sus juegos con las posibilidades que ofrece la tecnología digital, la calidad es el común denominador. Mundo Abisal, la gira con la cual celebra veinte años de vida musical en la industria discográfica, es una apología a uno de sus más grandes atributos: la improvisación.
Imagen encontrada en www.musica.terra.com.mx
El cantautor nos deleitó con un concierto de dos horas, uno de los más largos según él mismo afirmó. El setlist sin duda estaba definido, y las canciones fueron interpretadas en versiones cercanas a las originales, adaptaciones de grandes formatos al básico formato de voz, guitarra y electrónica en vivo. Por más que ya nos sepamos sus canciones, que las interpretaciones no disten mucho de los sonidos que ya conocemos, Drexler siempre sorprende y siempre improvisa con cada pequeño detalle: el sonido del ringtone del celular de un asistente al concierto, lo utilizó como introducción al tema Me haces bien. La audiencia emocionada, siempre con ganas de participar, hacía palmas en la canción Don de fluir. Drexler, cantando, nos invitó a utilizar el chasquido de los dedos, para hacer un acompañamiento más sutil. Un personaje del público, probablemente un músico, se lanzó a ejecutar la clave del bossa nova con un particular sonido como de caja china. El uruguayo lo aplaudió y lo alabó, en su diplomático estilo de dirigirse a sus escuchas. En cada canción iba cambiando los fraseos y los giros melódicos, siempre tan expresivo. Permitía al público cantar ciertos fragmentos, y él callaba para escuchar. Se iba paseando de un lugar al otro en el escenario, jugando con las posibilidades acústicas del lugar. Hay cosas que sólo se pueden hacer en este auditorio, nos dijo. Y si un error se atravesaba ni lo escondía ni se tropezaba, de inmediato lo incorporaba al discurso musical y continuaba con el desarrollo del concierto, como si nada.
Imagen encontrada en www.caracteres.mx

La improvisación genera sensación de abismo, de incertidumbre. Exige una actitud siempre alerta, siempre escucha, pide observación, atención y capacidad de reacción. Asumir cada concierto como una nueva experiencia parece ser la decisión de Jorge Drexler. Y por eso sus conciertos, en especial este formato de la gira Mundo Abisal, nos dejan extasiados, sonrientes, satisfechos. Nos abandonamos a su música, para que el concierto nos tome por sorpresa.

jueves, 27 de junio de 2013

DECIR LO INEVITABLE

A mí me gusta escribir por algo que oí decir a Lucas Ospina.

La escritura es ritmo. Somos seres musicales.

Imagen encontrada en www.mde.org
Encuentro Internacional de Medellín
No se trata de rimas consonantes. Es jugar entre silencios y sonidos.
Las palabras y su barullo. Luego se callan. Es la forma de articularlas.

Por eso, después del primer momento de creación,
la escritura se vuelve arquitectura.

Es jugar en el espacio, construir el andamiaje.
Para mí escribir es como un mandala.
Un principio básico y el resto simplemente sucede.
Así habló Ospina en su exposición,
en el marco del Seminario Periodismo Cultural y Crítica en las Artes.
Tomó como centro una obra artística de su autoría,
en donde la escritura es su medio de expresión,
para mencionar lo que él considera importante a la hora de escribir.
Decir lo inevitable.

De manera muy contrastante percibí la conferencia de Adriana Amado.

Imagen encontrada en www.lanacion.com.ar
Muchas cápsulas de información nos proporcionó,
un ritmo más activo al hablar, muy acorde con la época.
Todo con mérito de ser mencionado.
Pero el tiempo es corto, el espacio es limitado.
Y tan contundente como la intuición, mi decisión no tiene paso atrás.
Quiero contarles de ORSAI, uno de los proyectos referenciados por Adriana.

¿De qué trata esa película?

Cada vez que me hacen esa pregunta, no sé qué decir,
como ahora, que escojo hablar de ORSAI, no quiero dañarles la película.
A él hay que escucharlo directamente, esquivar intermediarios.

Imagen encontrada en www.derechoaleer.org
ORSAI empezó siendo un blog personal,
escrito por alguien que estaba en la distancia, lejos de su lugar de crianza,
y como muchos proyectos que están rondando por ahí creció,
y se convirtió en otra cosa. Como un mandala.
Nació siendo auténtico. Y por ello aún pervive.
Para los amantes de las revistas de gran calidad, en textos e ilustraciones,
recomiendo enormemente visitar este lugar:


Cuando empecé a hojear el website de ORSAI
recién había leído un artículo de Christy Wampole
que me hacía tener el tema de la ironía metido en la cabeza.
Busqué la definición en el diccionario, como siempre.

Ironía: Burla fina y disimulada.

No sé si ORSAI es ironía. Yo me empecé a reír con cada cosa que encontraba.

Orsai es un proyecto difícil de explicar. Si te da curiosidad podés mirar este video.
Si no querés perder 18 minutos oyendo a un gordo que habla, Orsai no es para vos.

La risa me llevó a pasar esos 18 minutos escuchando a Hernán Casciari.
Quedé enganchada.
Decir lo inevitable.

Termino esta reseña con la ponencia de Omar Rincón.

Imagen encontrada en www.mexico.lainformacion.mx
Él nos dio una ordenada explicación, con soporte visual incluido,
de términos a tener en cuenta cuando de periodismo cultural se trata.
También fue una especie de conversación amena, más bien un monólogo,
pronunciado de manera natural, en un estilo blando, orgánico, espontáneo.
Pronunció una frase que quedó en mí grabada:

Hacer de cada acontecimiento una historia maravillosa.

Y él, haciendo coincidir el decir con el hacer,
nos contó historias cada tanto para ilustrar más claramente sus ideas.
Decir lo inevitable.